Soy de Derechas ¿Algún Problema?

 

 

08 abril 2006
 
El que tenga oidos que escuche.

Entonces vi subir del mar una bestia con siete cabezas y diez cuernos, en los cuernos diez coronas, y en las cabezas títulos que ofenden a Dios. La bestia que yo veía era semejante a una pantera, aunque tenía patas de oso y boca de león; el dragón le entregó su propio poder y su trono, con un imperio inmenso. Una de sus cabezas parecía herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada. Entonces la tierra entera, maravillada, siguió detrás de la bestia.

Adoraron al dragón porque le había entregado el imperio a la bestia y también adoraron a la bestia, diciendo: “¿Quién como la bestia y quien podrá competir con ella?” Se le permitió hacer proyectos orgullosos y blasfemar en contra de Dios y pudo actuar como quería durante cuarenta y dos meses. Se puso, pues, a lanzar insultos contra Dios, insultando su nombre y su santuario, es decir, a los que ya habitan en el cielo. Se le concedió hacer la guerra contra los santos y vencerlos, y se le dio poder sobre toda raza, pueblo, lengua y nación. Y todos la adoraron, todos los habitantes de la tierra cuyo nombre no se halla escrito, desde el principio del mundo, en el libro de la vida que tiene el Cordero sacrificado. (Apocalipsis 13, 1-8)

Después vi surgir del continente otra bestia que llevaba dos cuernos de cordero, pero hablaba como el dragón. Esta aprovecha todo el poder de la primera bestia y está totalmente a su servicio. Ella ha logrado que la tierra y sus habitantes adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. Ella hace prodigios maravillosos, hasta mandar que baje el fuego del cielo a la tierra en presencia de todos.

Por medio de esos prodigios que le fue concedido obrar en servicio de la bestia, ella engaña a los habitantes de la tierra, aconsejándoles que hagan una estatua de esa bestia que, herida a espada, volvió a vivir. Se le concedió hasta dar vida a la estatua de la bestia, la cual puede hablar, y ha logrado, asimismo, que a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente: ya nadie podrá comprar ni vender si no está marcado con el nombre de la bestia o con la cifra de su nombre. (Apocalipsis 13, 11-17)

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